La tecnología avanza a pasos agigantados, y a medida que hace su camino nos propone nuevos y más sofisticados aparatos electrónicos sin los que no podríamos vivir, pero sin los que hemos vivido hasta ahora. Aparatos que muchas veces lejos de solucionarnos la vida nos hace dependientes de ellos, nos ata y nos esclaviza aportando poco o nada a cambio.
En concreto algo que últimamente se ha puesto muy de moda gracias a
algunas grandes compañías es la supuesta libertad que nos proporciona la
era de las comunicaciones a distancia. La telefonía movil ha marcado un
antes y un después en lo que a comunicación personal se refiere.
¿Alguien recuerda aquellos molestos "buscas" que unos pocos llevaban
consigo pero que realmente nadie quería tener? Aquel endemoniado aparato
que molestaba en los momentos más inoportunos ha sido desplazado por la
telefonía móvil, con la salvedad de que el móvil, al igual que el coche
o la forma de vestir, se ha convertido en un signo de distinción
social, un espejo del supuesto status económico de su dueño y portador.
Hoy en día todo el mundo tiene móvil. Quien no lleve uno en el bolsillo es un "tipo raro". El móvil ata a las personas, y muchas veces la verdadera liberalización es apagarlo. Pero no solo nos ata. El contacto humano se reduce. Antes si queríamos salir a tomar unos tragos quedabamos por teléfono.
Ahora en cambio nos mandamos un mail o nos leemos en un foro.
Probablemente nuestros padres piensen lo mismo desde su propio punto de
vista: antes quedaban días antes en persona, y ahora quedan por
teléfono. Hemos pasado del contacto directo a la voz, y más tarde al
texto, marchando hacia atrás como un cangrejo, retrocediendo hacia
formas de comunicación cada vez más impersonales, más distantes, menos
humanas. Las herrramientas que nos hacen más libres y nos permiten estar
más cerca de "los nuestros" realmente nos atan y nos aislan de ellos.
Hay parejas que rompen por SMS, e incluso que se divorcian por email.
Hay gente que se enamora de un poco de texto sobre un cliente de
mensajería, manteniendo relaciones virtuales a distancia con una persona
que no llegarán a ver. Y lo peor de todo es que los "te quiero" hoy en
día no se dicen a la cara, se plasman en un mensaje de texto esperando
respuesta de la otra parte. La comunicación a distancia nos facilita lo
personal porque nos aisla de la persona, nos protege con la distancia
gracias a la frialdad del medio.
Pero el problema de las nuevas formas de comunicación no reside en ellas
mismas, sino en el uso que se les está dando. El móvil, la mensajería,
el correo electrónico... el fin que persiguen es el de complementar la
comunicación, ayudar a cubrir los huecos que el ser humano no es capaz
de solucionar por sí mismo. Si tus padres están de vacaciones, si tu
pareja tiene que estar unos días fuera por motivos de trabajo, si tú
tienes que contactar con un viejo amigo de colegio, sin duda la
telefonía e Internet jugarán un papel importante y muy útil. Pero el
problema es que en muchas ocasiones sustituyen al contacto directo,
disminuyen la interacción humana y todo queda reducido a un poco de
texto o a una voz sobre un auricular.
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Ramos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alejandro Ramos. Mostrar todas las entradas
domingo, 29 de abril de 2012
domingo, 11 de diciembre de 2011
Depende del caso
El refran "ojos que no ven, corazon que no siente" es un refran que se refiere a la realidad, queriendo decir que si no ves o no te enteras de algo (no tiene que ser necesariamente con la vista), no sufres por ello, es decir, tu corazón no siente nada de lo que pasa, porque simplemente lo desconoces.
Hay veces que es mejor no decir toda la verdad a alguien (aunque no decir toda la verdad tampoco significa mentir) ya que de esa manera le evitaremos un posible sufrimiento que tal vez no sea necesario.
Y hay otras veces que por cobardía o egoísmo hay cosas que preferimos no ver para no lamentarnos por ello: el hambre en el mundo, las injusticias sociales, el abuso de poder…
Sea cual sea el caso, lo cierto es que “ojos que no ven, corazón que no siente”.
Hay veces que es mejor no decir toda la verdad a alguien (aunque no decir toda la verdad tampoco significa mentir) ya que de esa manera le evitaremos un posible sufrimiento que tal vez no sea necesario.
Y hay otras veces que por cobardía o egoísmo hay cosas que preferimos no ver para no lamentarnos por ello: el hambre en el mundo, las injusticias sociales, el abuso de poder…
Sea cual sea el caso, lo cierto es que “ojos que no ven, corazón que no siente”.
domingo, 13 de noviembre de 2011
El miedo a la muerte
La muerte siempre ha sido objeto de profundas reflexiones filosóficas, religiosas y, actualmente, científicas; sin embargo en las sociedades postindustriales es difícil aceptar su mera idea, de modo que las actitudes hacia ella han sufrido una evolución desadaptativa, retrocediendo de la mano del "progreso" de las actitudes saludables del afrontamiento y la aceptación, a las prefóbicas del sinvivir por su temor y a las fóbicas de su negación.
Podemos diferenciar en Occidente dos momentos en la vivencia de la muerte: uno previo a su
institucionalización hospitalaria, en el que es aceptada como parte natural de la existencia y otro, desde que el Hospital pasa a ser la Institución reservada para morir, traduciéndo-
se en un cambio radical en la consciencia e información sobre la propia muerte.
Estos cambios también han alcanzado al personal sanitario generándole muchas veces actitu-
des distorsionadas tales como no querer nombrar a la muerte o a las patologías "que las atraen", no mirar cara a cara al enfermo terminal, incongruencias y disonancias entre la comunicación verbal y la no verbal y aumento de la atención tecnológica en detrimento de la empático afectiva, con el riesgo del encarnizamiento terapéutico, empeorándose las condiciones de la muerte.
Podemos diferenciar en Occidente dos momentos en la vivencia de la muerte: uno previo a su
institucionalización hospitalaria, en el que es aceptada como parte natural de la existencia y otro, desde que el Hospital pasa a ser la Institución reservada para morir, traduciéndo-
se en un cambio radical en la consciencia e información sobre la propia muerte.
Estos cambios también han alcanzado al personal sanitario generándole muchas veces actitu-
des distorsionadas tales como no querer nombrar a la muerte o a las patologías "que las atraen", no mirar cara a cara al enfermo terminal, incongruencias y disonancias entre la comunicación verbal y la no verbal y aumento de la atención tecnológica en detrimento de la empático afectiva, con el riesgo del encarnizamiento terapéutico, empeorándose las condiciones de la muerte.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)