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domingo, 17 de junio de 2012

Soluciones sistemáticas, ¿son éticas?


A diario, podemos ver en la televisión, en los libros y periódicos, ya sean reales o ficticios, casos judiciales en los que el delincuente es inocente, pero la aplicación de la justicia o la manipulación por parte de alguna organización de ésta, hace que los supuestos inocentes sean considerados culpables y mandados a la cárcel. Hay muchos casos en los que la “justicia imparcial” también se equivoca, falla, y no halla la solución correcta y adecuada para el crimen.
Muchos de éstos fallos, en su gran mayoría a mí parecer, ocurren por el simple hecho de que hacen los castigos más fáciles de aplicar, ya sea hablando económica o temporalmente. Esta simplificación sistemática y mecánica de los delitos de una persona, para hacer más “rentable” y fácil la determinación del castigo necesario, hace que la justicia deje de ser completamente exacta. Dicho de otro modo, es el “redondeo” del grado de delito lo que hace que el delito y su “correspondiente” castigo no coincidan. Si cojemos el número 44,6 y lo redondeamos en las unidades, nos dará 45. Si 45 lo redondeamos en las decenas, nos dará 50. Y si esto último lo redondeamos en las centenas, nos dará 100. Este resultado nos está diciendo que “44,6” es un número más cercano a 100, que a 0.
De una manera parecida, la simplificación de los hechos en un delito, sin tener en cuenta muchísimos factores que pueden determinar el comportamiento del ser humano hace que la justicia no sea siempre exacta ni correcta.. Aunque muchas veces se tenga en cuenta la situación médica del acusado, y el abogado la utilice para defenderlo, si no hay un certificado médico que afirme que esta se debe de tener en cuenta, dicha defensa se vuelve inválida. Con la tecnología actual, es muy posible que la determinación de la culpabilidad de una persona, en un caso judicial, se pueda definir mejor. Pero también es un hecho, que esto no sería, como he dicho al principio, “rentable” para el Estado. Económicamente, porque las tecnologías que serían necesarias pueden ser muy caras, y también la mano de obra, con el número de expertos en la materia necesarios. Después temporalmente, porque el sondeo y la búsqueda de información requerida para que la información sea lo menos redondeada posible, puede llegar a tardar mucho tiempo. Además, los delitos se cometen día a día, y la acumulación de investigaciones sería inevitable.
Y esto es sólo hablando del “error” de la justicia actual, aplicada en el culpable. Pienso que también debería de estudiarse el impacto que ocasiona esto en la familia y conocidos de la víctima, si es un crimen, y otros muchos errores provocados por la mera simplificación de hechos, y las soluciones sistemáticas.
En definitiva, el problema de estas “soluciones sistemáticas y mecánicas”, es que están diseñadas para juzgar mediante una ley objetiva, aplicable a todos, cuando la justicia debería de aplicarse también de una manera moral, es decir, subjetiva.

domingo, 29 de abril de 2012

Una degeneración desarrollada


              El ser humano desde tiempos antiguos ha sido criticado (por otros humanos) por la gran hipocresía que se reflejan en sus actos, en relación con sus palabras. Somos los únicos seres capaces de hablar, de comunicarnos de una manera clara y precisa, con un vocabulario extenso. Del mismo modo, somos los únicos capaces de mentir, de utilizar ese gran don de la comunicación de una manera egoísta, algo que muchos hacemos diariamente. En la introducción de su libro “El hombre y la tecnología”, Alfonso Gago nos dice que en la sociedad actual, dominada por las altas tecnologías de la información, la figura mitológica que identifica al hombre, es Narciso. El individualismo extremo, y la búsqueda eterna del placer existente en el hedonismo, es la que caracteriza a nuestra generación, además de la permanente hipocresía, la cual va en aumento. La solidaridad, ahora que es cuando más es reclamada, cuando más podemos ayudar con menos esfuerzo, se evapora ante nosotros al verse expuesto al hedonismo humano. Los placeres propios, por mínimos que sean, se anteponen a la posibilidad de ayudar a otros.
              Resulta curioso que en tiempos primitivos, cuando las primeras comunidades de humanos habían surgido, la solidaridad y la preocupación de todos con todos era mucho mayor que ahora, y en muchos casos más efectiva, aún teniendo nosotros muchos más recursos. La búsqueda de la propiedad privada, el ansia por la acumulación de riquezas y el poder, fueron los factores que corrumpieron al hombre antiguo.
              En la actualidad, aún viviendo todos en comunidad, y dependiendo todos del trabajo diario de los demás a causa del comercio y el movimiento del dinero, los actos desinteresados se vuelven meros mitos de tiempos pasados, y el total individualismo presente en las ciudades camuflada por las bien cuidadas imágenes de los ciudadanos, hacen pensar que solo hemos avanzado en el ámbito tecnológico, degenerando en dicho proceso, nuestra parte ética y moral.

domingo, 18 de marzo de 2012

“Nacemos, crecemos, y morimos en libertad. O eso nos hacen creer."


            Desde que nacemos y vamos creciendo, nuestra mente actúa como una esponja, absorbiendo todo tipo de conocimientos de lo que nos rodea. Del comportamiento de los padres ante distintas situaciones, de las relaciones entre los otros niños y de los dibujos animados, aprendemos la manera de regular el tono de la voz para añadir matices subjetivos a una conversación, la jerarquía y orden de poder que se establecen entre las personas, y los distintos valores humanos existentes. Aún así, estos valores e ideas que se nos inculcan desde pequeños, ya sea por parte de los padres, de los amigos y gente conocida, o de los medios de comunicación, pueden llevarnos a ver las cosas desde una perspectiva fija, atándonos e impidiéndonos el conocimiento de algo de un modo completo, analizado desde puntos de vista distintos. Además de esto, la publicidad presente en la televisión, la ropa, incluso en el hablar de las personas (eslóganes) hace que poco a poco, los ideales se vayan filtrando en el subconsciente de cada uno, y vayan determinando, limitando todo tipo de acciones que realizamos en el día a día. Un ejemplo es el materialismo, por el cual la mayoría de las personas de los países desarrollados tendemos a pensar que cuando más tengamos en objetos materiales, más felices seremos. Aunque muchas personas critican el materialismo, y la mayoría de la población de los países desarrollados sabe y entiende que esto no es así, a cualquier niño nacido en la sociedad actual al que se le pregunte “¿Quiénes son los más felices, los pobres o los ricos?” responderá sin dudar: “Los ricos”.
            Otra de las muchas cosas de las que nos trata de convencer la publicidad, es de su propia inocencia, tratando así de suavizar todas las demás cosas de las que nos trata de persuadir.
            De este modo, nacemos bajo la esclavitud de las influencias sociales y del marketing, movidos por los intereses de las grandes empresas, mientras que pensamos que somos libres de hacer, decir e incluso pensar lo que queramos. La libertad es uno de los derechos más valorados y preciados, teniendo una importancia fundamental entre los derechos humanos, que por definición son inherentes e inalienables. Aún así, podemos considerar que es uno de los derechos menos respetados y más violados, teniendo en cuenta que la sociedad nos determina, nos pone unos límites, de cómo debemos nacer, crecer, vivir, e incluso morir.

martes, 13 de diciembre de 2011

“Ojos que no ven, corazón que no siente” “Corazón que no siente, ojos que no ven”

“Ojos que no ven, corazón que no siente”

“Corazón que no siente, ojos que no ven”

Es interesante ver, como el conocimiento y sabiduría popular ha ido pasando de padres a hijos en forma de refranes y versos, siendo sus interpretaciones varias. En este caso concreto no ocurre, pero en multitud de ocasiones, los distintos refranes se contradicen entre sí, dando a entender que toda sabiduría es relativa.

La primera cita, es una de las más utilizadas a la hora de defender la publicidad cruel, entendiendo ésta como aquella publicidad que utiliza imágenes que hieren la sensibilidad de los lectores, tratando así que éstos hagan algo respecto a lo publicado. Esta manera de pensar, se basa en la suposición de que las personas no somos capaces de creer en lo que no vemos. De hecho, la ciencia busca maneras de saber la existencia de cosas que no podemos ver, a base de hechos y datos confirmables. Muchas personas de la sociedad en la que vivimos, tienen la certeza de las injusticias que ocurren en el mundo actual, pero evitan consciente o inconscientemente todo lo que tiene que ver con dichas injusticias. De éste modo, cuando estas personas ven imágenes o videos de gente pobre sufriendo, toman conciencia de lo que ven en las noticias, las estadísticas que escuchan sobre la pobreza en el mundo, es totalmente real y tangible. En esto se basa la publicidad cruel, en hacer ver a los lectores de que hay una realidad, que aunque es lejana, es totalmente real.

La segunda cita, “Corazón que no siente, ojos que no ven” se puede referir a que la indiferencia que siente uno hacia un tema o acontecimiento, puede llevar a éste a no apreciar las realidades que ocurren que tengan que ver con dicho acontecimiento. Dicho de otro modo, quiere decir que los sentimientos pueden llegar a condicionar el funcionamiento de los sentidos, y a través de éste, la realidad que percibimos. El enfoque que le doy a esta segunda frase, no tiene que ver en absoluto con el significado de la primera. Aunque en un principio parezca que las dos frases tienen algún tipo de conexión, al utilizar las mismas palabras en un orden distinto, estas frases vienen a decir dos cosas casi contradictorias.